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La fuerza del sino

Kop van een skelet met brandende sigaret - Vincent van Gogh
[Vincent van Gogh Museum, Amsterdam - NED]


Dijo el poseído por la fatídica fuerza, Don Álvaro, el de Ángel Saavedra Rivas:
 
¡Qué carga tan insufrible
es el ambiente vital
para el mezquino mortal
que nace en signo terrible!

¡Qué eternidad tan horrible
la breve vida! Este mundo,
¡qué calabozo profundo
para el hombre desdichado
a quien mira el cielo airado
con su ceño furibundo!

Parece, sí, que a medida
que es más dura y más amarga,
más extiende, más alarga
el destino nuestra vida.

Si nos está concedida
sólo para padecer,
y debe muy breve ser
la del feliz, como en pena
de que su objeto no llena,
¡terrible cosa es nacer!

 Al que tranquilo, gozoso,
vive entre aplausos y honores,
y de inocentes amores
apura el cáliz sabroso;
cuando es más fuerte y brioso,
la muerte sus dichas huella,
sus venturas atropella; 
y yo, que infelice soy,
yo, que buscándola voy,
no pudo encontrar con ella.

 Mas ¿cómo la he de obtener,
¡desventurado de mí!,
pues cuando infeliz nací,
nací para envejecer?
 
 
No lo sé si existe el destino.

Si existirá tal vez a fuerza de nuestras propias decisiones.

O en base a las decisiones de otros.

Pero... ¿para qué nací? ¡Qué buena pregunta!

¿Nacimos nosotros también para envejecer?

¿Y qué sobre el vivir?

Filosofía: Consolación y sentido de vida


Allegoria della Filosofia - Giacinto Brandi
[Colección privada]


Y acá voy saliendo, de a poco, de aquella noche oscura en la que olvidé lo bueno que es la Filosofía. Y los modos en que la soñé para mí; o que Ella me soñó para sí. Y la medida de su relación.
Nos habla a todos otra vez hoy...

«¿No me conoces? ¿Por qué ese silencio? ¿Es la vergüenza o es el estupor lo que te hace callar? ¡Ojalá fuese la vergüenza! Pero no, ya veo que te anonada el estupor».

Parece decirme... ¡Cuánto tiempo ha pasado! E insiste:
«No hay peligro; es sólo un letargo lo que sufre, la enfermedad de todos los desengañados». Dirigiéndose no sé a quién: «“Ha perdido momentáneamente la consciencia; no le será difícil recobrarla, si llega a reconocerme. Para que pueda conseguirlo voy enseguida a limpiar sus ojos, oscurecidos por la nube de cosas terrenales”. Dijo, y con un pliegue de su vestidura enjugó mis ojos bañados en llanto».

«Así, pues, volví mis ojos para fijarme en ella, y vi que no era otra sino mi antigua nodriza, la que desde mi juventud me había recibido en su casa, la misma Filosofía.
–¿Y cómo -le dije- tú, maestra de todas las virtudes, has abandonado las alturas donde moras en el cielo, para venir a esta soledad de mi destierro? ¿Acaso para ser también, como yo, perseguida por acusaciones sin fundamento?

–¿Podría yo -me respondió- dejarte solo a ti que eres mi hijo, sin participar en tus dolores, sin ayudarte a llevar la carga que la envidia por odio de mi nombre ha acumulado sobre tus débiles hombros? No, la Filosofía no podía consentir quedara solo en su camino el inocente; ¿iba yo a temer ser acusada?; ¿iba yo a temblar de espanto, como si hubiera de suceder lo nunca visto? ¿Crees que sea ésta la primera vez que una sociedad depravada pone a prueba la sabiduría?»*.


* La consolación de la Filosofía, Boecio
Libro de finales del s. IV y principios del s. V d.C.

[Fragmentos de la traducción del Latín por Pablo Masa,
Ed. Perdidas, Retamar-Almería 2005]

Una causa y un sentido.


Amandelbloesem - Vincent van Gogh


Escribe Antonin Sertillanges en Las Fuentes de la Creencia en Dios:

Procuremos no dejarnos turbar por las palabras altisonantes y las apariencias imponentes. El universo entero no pasa, en el fondo, de ser un juguete admirable y frágil. Tengo derecho a examinar sus resortes y tengo derecho a preguntar cuál es el constructor que lo ha producido y puesto en marcha.

¡La causa! ¡La causa! ¡La causa! Este es el grito de la inteligencia frente al gran problema. Con la mente y las manos llamamos a la puerta de la verdad eterna, y no es con palabras, no es diciéndonos: “El mundo existe, y esto basta”, o: “El mundo tienen una existencia necesaria”; no es respondiéndonos esto como se impondrá silencio a nuestras preguntas. Que el mundo existe, lo veo muy bien; pero me interesa saber por qué existe. Si me dicen que existe necesariamente, insistiré preguntando de qué necesidad se trata. Cuando pregunto por qué se levanta el sol, me dicen también: es por necesidad; pero me dan la razón de ella, y si no me la diesen, sería con ofensa de la ciencia. Asimismo, al tratarse del mundo, si se le proclama necesario sin decir por qué, la razón queda ofendida y menospreciada.

Una causa y un sentido. En las inteligencias y en el mundo. ¿No serán lo que falta? O tal vez ya no importen…